Pues nada. Tendremos que pasar
página. No podemos aferrarnos al sentimiento del comienzo. A la novedad. Y sobre
todo, no te puedes aferrar a un sentimiento que probablemente, no existe.
Y no puedes comparar. De ninguna
de las maneras puedes comparar sentimientos ni maneras de hacer o de pensar de
alguien con respecto a ti. Porque cada
persona es un mundo. Pero es molesto. Extremadamente
molesto.
Porque alimenta traumas de
adolescencia. Por qué ellas si y yo no? Por qué tanto amor a ellas y a mi tan
poco? Por qué? Te doy asco? Y comienzas a pensar en tu cuerpo.
En un cuerpo que no es perfecto y
que dista mucho de serlo. Y tú, que siempre has estado acomplejada por estas
cosas, ahora, con la treintena, vuelves a pasar por lo mismo. Sin necesidad alguna.
Con lo cual no te queda más que
hacer que superarlo. Que hacerte fuerte o pretender serlo. Porque a veces
sientes que te estás rompiendo por dentro, y no puedes echar mano de tus
amigos, porque son ellos los que en realidad te están haciendo daño. Porque
creen que eres más fuerte de lo que en realidad eres.
Así que; coge aire, piensa en
otra cosa, y sigue adelante, como si no ocurriera nada. Todo pasará. Todo en
esta vida, pasa.