Tanta pena, Señor, tenía tanta pena!
Tanta pena que solo hago que llorar y llorar, y llorar y esconderme, porque se que a nadie le gusta verme llorar.
Y me da igual escribirlo a los cuatro vientos, porque este blog se ha acabado convirtiendo en mi única via de expresión, porque no me queda otra que explicarselo a una pantalla en blanco, que es la única que me escucha y se preocupa por mi, y eso es muy triste.
Yo tenía mis amigos, yo tenía a esos tres que quería más que a nada, y solo confiaba de verdad en uno, en mi príncipe, pero ya no. Yo lo encontré por casualidad y se ganó toda mi sinceridad y mi confianza, y yo pensaba que me había ganado la suya, y resulta que me ha acabado apartando de su vida porque cometí el grandísimo error de enamorarme de él. Ojalá nunca hubiera pasado, ojalá, como pedía a Dios todas las noches, me hubiera arrancado el corazón y me hubiera dejado vacía. Ojalá. Ojalá no hubiera llegado a esto.
Y fui estúpida, y me sentía estúpida, cuando quise alejarlo de mi para que se me pasase, porque quería ser su amiga, quería serlo por encima de todas las cosas.
Y cuando volví ya no estaba. Ya no me quería, ya no era nadie para él.
Y eso no se hace, no se puede ganar a una persona, no puedes hacer que confie en ti como en nadie, y confiar tu en ella, y con el paso del tiempo abandonarla.
Yo solo quería que me cuidaras como cuidabas a tus otros amigos, yo solo quería que me trataras bien. Yo solo quería que nunca me olvidaras.
Pero me empezaste a tratar como yo trato a la gente que no me interesa, a darme de lado, y a no dejarme entrar en tu vida. Y yo lo notaba. Y estoy muy triste por eso.
He intentado ser mejor para ti, que te rieras conmigo, que te sinteras bien, y lo único que he conseguido es sentirme ridícula, humillada y patética.
Y ahora estoy sin fueras ya, despues de pasar cuatro horas y media sin parar de llorar. Me duele la cabeza, me duelen los ojos, me duele hasta el alma.
No tengo ni fueras para despedirme ni para seguir. Así que me quedaré aquí, impotente, viendote cada vez mas lejos y reprochándome siempre el haberme enamorado.
Te juro que es lo peor que me podía haber pasado, y si pudiera, lo borraría de mi cabeza y de la tuya. Aunque quien sabe, quizá todo habría acabado igual.
No hay comentarios:
Publicar un comentario