martes, 28 de octubre de 2014

La mujer de la nariz fina.

Nunca me ha gustado el olor a "piso". 
He vivido hasta mi vida adulta en una casa, con las puertas abiertas para que entrara el sol, el aire, el viento, nuestros perros y algún gato ocasional que se ha colado en persecución de otro. 

El olor a piso, me recuerda a la vivienda de mis tíos, un lugar que si no hubiese sido por mi tía, habría resultado un sitio donde no sentirse bienvenido. Ese olor cerrado, de cocinas y baños sin tragadero de vapores. El calor de las habitaciones. Siempre me ha parecido angustioso. 

 Y el olor a podredumbre, a cloacas, lamentablemente me recuerda a mi abuela, a la que se la llevó un asqueroso cáncer contra el que nadie pudo luchar. 

La noche de verano, que tiene un olor muy característico, como a flores y a arena, me da una sensación de paz y tranquilidad intensa. Huele como lo hacen las calles por la noche en navidad. Cuando tanta gente parece amarse bajo el foco de las luces de los árboles. 

Los perfumes son tal mundo a parte, que tan solo puedo reconocer tres:

- Ultraviolet : siempre será el perfume de la persona amada

- Agua de Loewe : el familiar. El abrazo de un hermano que ya me retiró de su cariño.

- Clinique: el odioso perfume de mi hermana, que siempre ha estado en su bolso, donde me vislumbro de pequeña, mirando su contenido y esperando para ser mayor. 

Que trauma, verdad?








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