miércoles, 29 de octubre de 2014

La Diva

Diva, que no Ditta. 

"My name is Ditta, I'll be your mistress tonight."

Esto lo dejo para otro momento, que también tengo algo que decir acerca de ello. Pero tampoco me voy muy lejos.

Me he sentido últimamente muy fuera de mi. Mucho mas drama queen que la diva que llevo dentro. Y es que he estado muy necesitada de amor y cariño. 
Esto nos pasa mucho a las mujeres, seamos claros. Normalmente, llevamos a nuestras espaldas (como todo el mundo, está claro!) nuestras cargas, de mas o menos peso, pero no mas o menos importantes que las de cualquier otro. 
Y llevarlas sobre unos tacones, ficticios a veces, y con unos ovarios que depende del mes, te hacen odiar al mundo o vomitarle arcoiris con nubes de azúcar, se hace una carga emocional que te sobrepasa.

Bien. A veces olvidamos el poder que tenemos y la capacidad de gestionarlo, tan solo porque nuestras emociones toman la rienda de nuestro ser y dejamos de escuchar a nuestro cerebro. 
Hoy lo he pensado mientras caminaba Balmes abajo, como alma que lleva el diablo para coger el asquerotren.
Iba escuchando música, cantando "Belice" de Love of Lesbian, y he tenido una epifanía cuando llegaba a Gran Vía. 

"Me quiero evaporar entre la gente"
...
"Un día me iré, me iré de verdad.
No sé si me ves, del todo capaz."

Ahí estaba la drama queen, esperándome con su peinado emo y sus ojos emborronados por las lágrimas al viento. La leona hambrienta de atención.
 
"... si puedo escapar, es con la mente"
Ahí está. La diva. La que me hacía falta escuchar.

La mujer con taconazos, la lengua muy larga, y la falda muy corta como recitaría el enorme Sabina. 
Ella me esperaba al otro lado la carretera, con una ceja alzada y diciéndome; pero que coño haces?

Cuándo has necesitado tú la aprobación de los demás para hacer lo que quieres hacer, o decir lo que necesitas decir? Entiendo que necesites un poco de cariño, pero deja de mendigarlo, deja de ofenderte por que no te lo quieran dar, porque tú te sientas como el segundo plato.

Eres más que eso. Estás por encima de eso. Y debes plantar esa maldita sonrisa en tu boca, no para ser cándida y dulce con los demás, no. Para reirte en su puta cara si lo consideras oportuno. Tú sabes dónde puedes llegar y con que cuentas para hacerlo. Imagínate el orgullo que vas a sentir cuando lo consigas, y sepas que lo has logrado tú sola. 

Imagínate la satisfacción que sentirás al despegarte de la suela de tu tacón, a ese resto de gente al que una vez creíste necesitar. 

Así que he seguido su consejo, y sudada como un cerdo por la carrera, me he subido al tren, los he mirado a todos con mi desprecio habitual, y he partido a casa muy feliz. Pensando que quería escribir esto, porque no solo sirve para mi, si no para todas aquellas zorrillas que hay por ahí, que han olvidado que lo son.


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