lunes, 31 de octubre de 2011

Huevos revueltos y otras pequeñas tragedias

Creo que hoy es el día en que realmente me he cabreado.
Hasta ahora, he llevado con mucha serenidad y buenos sentimientos mi actual estado.
Estoy parada y sin compromiso. Otra vez.

Hace seis meses, comencé un trabajo después de una larga temporada en el paro, que me gustaba. Que por fin me gustaba. Era un trabajo con el horario perfecto, el sueldo perfecto, los compañeros no-tan-perfectos pero fantásticos a su manera. Me gustaba lo que hacía y lo hacía bien. Muy bien.
¿Problema? Era demasiado perfecto. Cuando llegó el momento de la renovación, pese a que me dijeron por activa y por pasiva durante el tiempo que estuve allí, que me quedaría, me echaron. De sus labios salió la frase "hay que hacer restructuraciones en el departamento" pero yo entendí "no hay dinero para mantener tu posición, y sobras, así que todo el trabajo que hacías tú, se lo vamos a encasquetar a los otros tres que quedan en tu departamento y vamos a hacer que vayan hasta el culo de trabajo, a ver si se van por iniciativa propia, porque llevan muchos años aquí y si los echamos también, nos vamos a dejar un pastizal"

Así que me fui. Me tuve que ir, mejor dicho. Y en el momento, dije, pues bueno, que le vamos a hacer. Otra vez al paro y a buscar trabajo. La primera semana dije eso. La segunda también. Ahora que entramos en la tercera me están entrando unas ganas de matar que me estoy viendo en el programa "Gente", donde una de mis vecinas diría "Pues siempre saludaba....". Que sería mentira, porque nunca he saludado a mis vecinos. Básicamente porque ni siquiera los conozco. Llámame asocial.

Por otra parte, he apartado de mi vida a un amigo, del que, durante un tiempo, no lo quise como amigo, sino como amante-esposo-hasta-que-la-muerte-nos-separe. La cosa no funcionó, principalmente porque no me quería del mismo modo. Fuimos amigos durante un tiempo, hasta que su manera de tratarme comenzó a cambiar bruscamente. De pronto, ya no era su amiga,:modo ironía on: era una tía a la que podía tratar como le diera la gana, porque no se por qué designios del destino, no me afectaba :modo ironía off:

Pues desde la cobardía de escribirlo en un blog te digo: ¡QUE TE DEN!Paso de ir aguantando tu comportamiento de "alma atormentada" y después me trates como una mierda seca. Ohhh si, este es el rencor que te guardaba. Porque... no es que ya no te quiera, es que te odio.

Y así es señores, como este pequeño retacito de felicidad intemporal, ha explotado en un cúmulo de mala leche. En cierta manera me lo esperaba. No era normal que estuviera tan bien y tan alegre en mi deplorable estado social. Pero bueno, me permitiré este vómito de malos sentimientos un ratito más. Luego me tomaré un café bien cargado y probablemente me vaya a comprar papel de liar, que se me ha acabado.

Por cierto, lo de los huevos revueltos es porque se me han vuelto a pegar en la sartén.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Quiero ser Samantha Jones

Cada vez me resulta más difícil plasmar mis pensamientos.
Antes escribía para alguien. Reconozco que en cierta medida, aun lo hago.
Es curioso como he pasado de preocuparme por todo a no hacerlo por absolutamente nada.
Y es una sensación que me gusta. Poco a poco van desapareciendo las emociones de mi interior. Poco a poco voy recuperando mi estoica actitud ante el mundo, así como la mueca de desprecio.

Podría parecer engaño, pero no lo es. Así soy mucho mas feliz. En realidad, cada vez estoy más segura y más de acuerdo con aquella afirmación que hacía cuando, después de un mal trago amoroso, cualquiera rezaba: ya encontrarás a alguien.

No quiero que mi felicidad dependa de otra persona.

No quiero tener esa dependencia ciega, que me parece débil y falta de carisma. Miro al mundo con ojos realistas y sinceros. Últimamente un poco egocéntricos. Pero un poco de narcisismo nunca viene mal.

Por eso el título de la entrada mienta a Samantha. Puede que sea el personaje de un libro, deliciosamente interpretado en la serie Sexo en Nueva York (la biblia de todas las solteras del mundo)por Kim Catrall. Pero es la viva imagen de una mujer fuerte, hecha a si misma, promiscua como la que más, y orgullosa de ello.

Fuera de argumentos sexuales, que quizá en otro blog los saque a la luz, se me antoja un interesante modelo a seguir durante un tiempo, hasta que yo me convierta en mi propio modelo con el que convivir.

Y siendo palabra de Samantha, concluyo: "Si me jodes mal una vez, será error tuyo. Si me jodes mal dos veces, será error mío".

He vuelto, y con más serenidad que nunca.

domingo, 7 de agosto de 2011

Felicidad

¿Es la felicidad el resultado de visualizar nuestras esperanzas y sueños?
Cielos... me acabo de sentir como Carrie Bradshaw escribiendo su columna. Aunque en realidad siempre me dicen que me parezco más a Samantha. Excepto por la libertad a la hora de hablar de sexo sin tapujos, yo no lo veo así.

De todas maneras, esa pregunta se me ha presentado como una reflexión pseudo-filosófica tras haber ordenado un poco mis bártulos, encender una barrita de incienso que prácticamente me está ahogando, sentarme en mi cama de 2 x 2 con mi portátil y ver en la esquina superior derecha, la nota que tengo a modo de post-it que reza: Sigue escribiendo! No pares!

Este momento, para mi, representa para mi la felicidad. Me gusta escribir. Me gusta sentarme en soledad, con música de fondo muy bajita, y tener algo que decir.

También es para mi la felicidad quedar con mis amigos, sentarme en la terraza de un bar a media tarde, y con un par de birras arreglar el mundo. O organizar una cena de improviso con mi familia, o ver sonreír a mis sobrinos cuando les hago pedorretas.

Por eso me preguntaba... si realmente la felicidad es algo que nosotros buscamos, que esperamos que llegue como de un resultado de un deseo que anhelamos cumplir. O es esos momentos que pasan mientras esperamos que llegue. ¿Deberíamos visualizar esos deseos, luchando por que se cumplan, o debemos disfrutar los momentos que se nos presentan inesperados, a modo de "carpe diem"? ¿O un mix entre los dos?

Quizá debería dejar de preguntarme todas estas cosas y simplemente vivir mi vida, porque me he dado cuenta de que desde un tiempo a esta parte, he estado malgastando mi vida, perdiendo el tiempo en realidad, con gente que no me merece la pena. Esperando palabras que no van a llegar, y ofuscándome intentando hacer sentir bien a otros.

Creo que no deberíamos dejar que nuestra propia felicidad dependiese de segundas personas. O terceras, o incluso cuartas. Lo que en realidad sería fantástico, sería poder dejarnos a nosotros mismos ser felices, y poder compartir ese sentimiento, ya fuese dándole la vida a un hijo, abrazando a nuestros padres y hermanos, o besando a nuestros amigos y amantes.

sábado, 6 de agosto de 2011

Extracto de "La inteligencia de las faldapas"

...

De la nada, habían aparecido tres personas que nos miraban desde los asientos que teníamos delante. Dos chicas y un chico.
Él, podría decir, era el tío más feo que he visto en mi vida, pero lo compensaba con un cuerpo de infarto. Con los ojos muy juntos, las cejas unidas en el centro, parecía que estaba a punto de echarse a llorar. La nariz apuntando al techo, mostraba unas fosas nasales en las que fácilmente se podría haber introducido sus orejas, que parecían dos escalopes de ternera.
Que estuviera rapado y cayéndole las gotas de sudor por las sienes no mejoraba el conjunto.
En cambio se veía a través de su camisa blanca, inmaculada, la ondulación de sus músculos al moverse. Bien definidos y duros a simple vista. El tipo debía ser alto, porque sus piernas sobresalían bastante del asiento, embutidas en unos pantalones de cuero negro que dejaban más bien poco a la imaginación a la altura de su ingle.

Las chicas, en cambio, eran como dos angelitos rubios. Ambas con vestiditos propios de pleno mes de agosto, con tirantes y a penas les llegaban por debajo de sus bragas, que pude apreciar... tan blancas como sus vestidos.
Bronceadas por rayos UVA (y que nadie me diga que en plena primavera el sol pega tanto) los ojos azules y labios carnosos. Me pregunté dos cosas al verlas. Que si eran rubias naturales, cosa que mas tarde descubriría, y que demonios hacían dos querubines como ellas con un tío tan horrendo.

Una ojeada más al grupo y lo comprendí. Habían traído consigo una botella de Belle Epoque de Pierre - Jouet, el champagne más caro que existe.

Dos conclusiones más. El orco de mordor estaba forrado y el club quiero-y-no-puedo tenía muy buenos contactos comerciales.

“No paréis, por favor, seguid” - dijo la rubia de la derecha con una sonrisa encantadora y un acento que no conseguí identificar.

Debí quedarme entre tonta y deslumbrada por ella, porque solo conseguí decir algo así como:

“No, si estábamos haciendo tiempo.”

El trío rió con ganas y se sirvieron la bebida mientras mi amigo y yo enrojecíamos por momentos.
Yo me sentí de lo mas pobretona cuando le di un sorbo a mi copa de vodka rebajado con limón y miré con anhelo las copas.

La otra rubia, la de la izquierda, adivinó mi mirada y se levantó con sus tacones imposibles para venir a mi lado.

“¿Quieres?” - me dijo

“¿Por que no?” - contesté sonriendo.

Y a lo que yo pensaba que iba a ser, coger su copa, dar un sorbo y devolverla, se convirtió en un - rubia da un sorbo, acerca su boca a la mía, y con una destreza impresionante, pasa el licor sin que se derrame ni una sola gota-.

En mi defensa debo decir que el champagne estaba delicioso, pero no tanto como la boca de esa mujer. Su lengua, pequeña y lasciva, jugueteaba con la mía mientras su mano libre se hacía camino entre mis piernas.

...