sábado, 6 de agosto de 2011

Extracto de "La inteligencia de las faldapas"

...

De la nada, habían aparecido tres personas que nos miraban desde los asientos que teníamos delante. Dos chicas y un chico.
Él, podría decir, era el tío más feo que he visto en mi vida, pero lo compensaba con un cuerpo de infarto. Con los ojos muy juntos, las cejas unidas en el centro, parecía que estaba a punto de echarse a llorar. La nariz apuntando al techo, mostraba unas fosas nasales en las que fácilmente se podría haber introducido sus orejas, que parecían dos escalopes de ternera.
Que estuviera rapado y cayéndole las gotas de sudor por las sienes no mejoraba el conjunto.
En cambio se veía a través de su camisa blanca, inmaculada, la ondulación de sus músculos al moverse. Bien definidos y duros a simple vista. El tipo debía ser alto, porque sus piernas sobresalían bastante del asiento, embutidas en unos pantalones de cuero negro que dejaban más bien poco a la imaginación a la altura de su ingle.

Las chicas, en cambio, eran como dos angelitos rubios. Ambas con vestiditos propios de pleno mes de agosto, con tirantes y a penas les llegaban por debajo de sus bragas, que pude apreciar... tan blancas como sus vestidos.
Bronceadas por rayos UVA (y que nadie me diga que en plena primavera el sol pega tanto) los ojos azules y labios carnosos. Me pregunté dos cosas al verlas. Que si eran rubias naturales, cosa que mas tarde descubriría, y que demonios hacían dos querubines como ellas con un tío tan horrendo.

Una ojeada más al grupo y lo comprendí. Habían traído consigo una botella de Belle Epoque de Pierre - Jouet, el champagne más caro que existe.

Dos conclusiones más. El orco de mordor estaba forrado y el club quiero-y-no-puedo tenía muy buenos contactos comerciales.

“No paréis, por favor, seguid” - dijo la rubia de la derecha con una sonrisa encantadora y un acento que no conseguí identificar.

Debí quedarme entre tonta y deslumbrada por ella, porque solo conseguí decir algo así como:

“No, si estábamos haciendo tiempo.”

El trío rió con ganas y se sirvieron la bebida mientras mi amigo y yo enrojecíamos por momentos.
Yo me sentí de lo mas pobretona cuando le di un sorbo a mi copa de vodka rebajado con limón y miré con anhelo las copas.

La otra rubia, la de la izquierda, adivinó mi mirada y se levantó con sus tacones imposibles para venir a mi lado.

“¿Quieres?” - me dijo

“¿Por que no?” - contesté sonriendo.

Y a lo que yo pensaba que iba a ser, coger su copa, dar un sorbo y devolverla, se convirtió en un - rubia da un sorbo, acerca su boca a la mía, y con una destreza impresionante, pasa el licor sin que se derrame ni una sola gota-.

En mi defensa debo decir que el champagne estaba delicioso, pero no tanto como la boca de esa mujer. Su lengua, pequeña y lasciva, jugueteaba con la mía mientras su mano libre se hacía camino entre mis piernas.

...

No hay comentarios:

Publicar un comentario