lunes, 19 de enero de 2015

Perro viejo, ladra sentado

Siéntate en silencio y mira el tiempo pasar a tu alrededor. 
Verás como algunos llegan, saludan y se van. Como otros dan vueltas a tu alrededor como si no tuvieran idea de donde tienen que dirigirse. 

Recuerda siempre, recuerda lo que te digan, porque recordar es el premio de los pacientes. Recuerda porque esa será tu arma arrojadiza. Aunque ellos no lo recuerden, tu lo harás, y sabrás que tienes razón, y ellos no. 

Todos aquellos que en horas bajas alzan el puño y condenan su maldita suerte, que arrojan vanas palabras de superación, de dolor contenido, y gritan y lloran, y patalean y son el centro del mundo. Los ves masticar esas palabras y escupirlas al suelo, cuando nisiquiera se dan cuenta que lo están haciendo. 

Ves al que reniega del amor, arrastrándose por unos pedazos de cariño. Ves al que condena el alcoholismo desde la barra del bar, al que alguna vez te dijo "te entiendo", pisando esas palabras con zapatos de tacón. 

Todos somos o hemos sido viejos hipócritas que sonrien con dulzura al que sabemos que vamos a hacer daño de una u otra. A la mentira que vamos a contar, aunque no seamos conscientes.

Y así es que te sientes más vieja que todos y que ninguno, viéndolos venir de lejos cuando se asoman en tu vida, recorriendo el mismo camino que has recorrido tú. No los puedes avisar porque hacen oídos sordos, y pretenden engañarte haciéndote ver que son seres limpios y sinceros. Mentiras. Mentiras. 

Siéntate en tu trono de oro y mira con vergüenza ajena a los que se arrastran ante ti, pidiendo perdón por su actos deshonrosos. Y no se lo concedas, pues no son merecedores de él. Ni ahora ni nunca. 

miércoles, 14 de enero de 2015

El poder de la tijera

Todo aquel que se mueva por un ambiente gay-friendly (se homo o no) se habrá percatado de esto. 
Y es que una buena mayoría de gays son muy homófobos. Ahora se me van a tirar encima todos diciendo que no, que me equivoco, que eso es porque no conozco ese mundo, etc etc etc. Pues si es que pasa, estarán mintiendo como bellacos. 

Hace nada, un amigo colgó una foto en Instagram, en la que había la imagen de dos Barbies besándose. De hecho, esa foto la hice yo, y me pareció tan bonita, que (ya que las muñecas eran suyas) se la cedí para que dispusera de ella como quisiera. 

Pues el segundo o tercer comentario, era ni más ni menos que una fila de tijeras. La puso... vete a saber quien era, pero puedo asegurar que el chico era gay. 
Cuando lo vi, la verdad es que me resultó ofensivo. No por el hecho que se refiriese a una situación lésbica con una manera muy soez de dirigirse a las mujeres, sino porque TENGA que hacer esa referencia. 
Es como si lo viera por un agujerito mirando el móvil y con cara de bobo y sonrisa desdentada estuviera señalándolo y diciendo;

"Buaaaaaaaaaajajajajajajajaja bolleras! bolleras! Que todo el mundo se entere que son bolleras!"

Se puede ser más imbécil?
Voy yo acaso a sus fotos de tíos tocandose el paquete en la cama, y le comento con una bandera de Japón y un pepino? No verdad? Porque soy una persona con sentido común. 
Igual se me está yendo de madre, y el chico tan solo quería hacer la gracia, pero al igual que el se expresó yo también lo hago. 

En cualquier caso, lo que vengo a decir es que me resulta absurdo que, después de todas las barreras y la represión que han encontrado los homosexuales, ahora se dediquen a "enfrentarse" entre ellos. 
 
Y por otra parte, si pudiera, les preguntaría a todos aquellos que alguna vez me han mirado mal cuando he entrado en una discoteca gay, a todos los que han puesto cara de asco si nos hemos chocado y ha notado mis pechos en su brazo, o los que han soltado comentarios despectivos hacia mi, tan solo por el simple hecho de ser mujer;

- QUE DEMONIOS ES LO QUE OS MOLESTA TANTO DE NOSOTRAS?

Los pechos? El útero? Una vagina os incomoda? Pues lamento ser yo quien os lo diga, pero vuestra madre tenía una. Y bien que os tuvo que parir (a ver lo que tarda el listo de turno en decir "yo nací por cesárea!" Muy bien, me alegro, publícalo en el periódico). 

Y os parió misóginos e hipócritas. Sois ese tipo de personas que miden las cosas con diferente rasero. No se le puede hacer un comentario que no les parezca bien sobre su condición sexual, pero ven muy adecuado condenar a una mujer por el simple hecho de serlo. 

Si bien es cierto, que ni mucho menos todos son así, y me alegro de tener a mi alrededor a amigos que me han podido explicar su punto de vista y que tiene bastante en común con el mío, pese a acostarse con quien le salga del ciruelo.

Hoy he hecho una versión extendida de un pequeño pensamiento, pero ha estado madurando en mi cerebro todo el día. 
A ver que nace de él.







lunes, 12 de enero de 2015

El mal necesario

Hace unas semanas hice una cena romántica con unos amigos. Son de esos que ves muy poco y piensas en ellos menos aún, pero siempre vuelves. Porque no entiendes por qué ni sabes como, pero te conocen como nadie.

Organizamos un picnic anticongelación. Nos fuimos a un parque, estiramos unas mantas en el cesped, estiramos otras tantas sobre nosotros, nos servimos una cena frugal, y abrimos unas botellas de vino. De buen vino. Podemos ser tacaños con la comida, pero no con un buen caldo. 

Y miramos las estrellas. ¿Cuánto hace que no os paráis a mirar las estrellas en una noche despejada? La luna llena nos regaló su sonrisa cuando venció el atardecer. Y nos acompañó una charla de la que no éramos dueños. Ni entonces ni nunca. 
Hablamos de la vida y del amor. Filosofamos sobre el manto de la noche, que cubría nuestras vergüenzas, y las mismas chorrearon por entre nuestros cálidos labios cada vez más embriagados por el vino. 

Mi reflejo en la copa hizo un comentario malicioso y reimos culpables de nuestra propia desdicha. 

- "Eres mal" dijo uno, atacando 

- "Lo sé" contesté resignada, entornando los párpados, evitando la confrontación innecesaria. Retirándome por completo de la conversación y aceptando una vez más, a regañadientes, el papel que dicen para el que he nacido.

- "Eres el mal necesario. Las palabras de la conciencia maliciosa  que todos tenemos y ninguno se atreve a pronunciar."

Levanté la mirada, y recostado sobre un brazo, mi amigo me observaba con el ceño fruncido. 

- "No dejes que los demás te hagan sentir mal por quien eres. No encajas en esta sociedad hipócrita, que marca lo bueno y lo malo, ahogando nuestros instintos más básicos en mareas de culpa y falsedad. Eres quien todos quieren ser, pero nunca encontraríamos el valor para vivir con ello. Y a la vez eres quien juzgamos por la vergüenza de desearlo en silencio."

Calló y apuró su copa. Se dejó caer en la manta y se arropó con su abrigo. Todos los demás callamos y nos encontramos conteniendo el aliento

- "Caminarás siempre sola" -  dijo al cabo de un suspiro, y seguidamente remató "y no te importará". 

Una vez resuelta la duda de si estaba muerto o no, al ver como su pecho subía y bajaba, la conversación se dispersó y el infinito se hizo el centro del universo, aunque fuera para olvidar que por unos instantes, me habían retratado como la envidia de todos y ninguno, la elegida por la vileza de la virtud. 

Yo. Era. Esa. 

La noche se hizo más fría. El vino más pesado. El hablar más torpe. 
Y yo ya no estaba.