martes, 16 de diciembre de 2014

Meditación

Habrá quien le pille de infinita sorpresa, pero suelo meditar. O intentarlo al menos. Soy de este tipo de personas, que tienen una mente hiperactiva, sobretodo cuando intentan relajarse. Es decir, te sientas, cierras los ojos, comienzas a pausar la respiración, y... por tu mente comienzan a sobrevolar pensamientos e ideas a modo de bombardeo, y no puedes librarte de ellos.

La cosa es que, como no tengo dinero (y aunque lo tuviera no lo gastaría en algo así) no puedo ir a unos de estos llamados gurús que te enseñan a meditar, a relajarte, y de paso, mientras se ganan unas buenas perras, te indican el camino para la realización personal. Así que me busco la vida por tutoriales de Youtube.

¿Cutre? Puede. Pero bien que hay tutoriales de como maquillarse haciéndose unos ojos ahumados y bien bonitos que quedan. 
Hay de todo. Hay tutoriales de 50 minutos en los que no te encuentras más que una sucesión de imágenes de close-up's de flores, cascadas, rios, mares y montañas con una música de fondo de estas de salón de masajes y que de vez en cuando sale alguna frase de "El Secreto" o alguna mierda por el estilo (ni lo he leído ni me interesa en lo más mínimo). 

Hay otros en los que un pluriempleado de Orange que está ensayando su papel de seductor para una telenovela que te dicen que subas y bajes escaleras y que entres en nosequé jardín porque hay una luz que entra en tu cuerpo y te llena de vida y todo es maravilloso. Vamos, estos en 10 minutos te arreglan la vida. 

Pero hace poco que he encontrado una meditación que puedes alargar todo lo que quieras, y que simplemente te ayuda a comenzarla y te guía un poco en caso que tu mente se disperse. Dejo abajo el link por si a alguien le interesa (sale todo el tiempo una señora al lado de un río, pero como tienes que tener los ojos cerrados, no causa una gran distracción.)
Esta meditación es muy sencilla porque se centra en la respiración y te ayuda a dejar la mente en blanco. O todo lo que sea posible. En la locución, de hecho te dice que no te castigues en caso que tus pensamientos se vayan a otra cosa, simplemente que vuelvas a pensar en la respiración y continúes haciéndolo. 

Y dice algo muy interesante. Y es que dice que tus pensamientos y emociones no son tus enemigos, que no debemos luchar, que forman parte de nosotros. Que los observemos, y aceptemos. Que le demos las gracias y los dejemos partir, como si fueran troncos que bajan por un río. 
"Tú no eres tus pensamientos. Tú no eres tus emociones. No eres la ira, ni el miedo. Tampoco eres la alegría. Éstas son emociones que surgen de un momento previo. Y las emociones, al igual que los pensamientos, vienen y van. Son cambiantes e impermanentes. Pero el ser, permanece"

Profundo, eh? La cuestión, es que dentro de esta meditación, tiene mucho sentido.
Porque realmente ves que en tu día a día, no tienes que ser lo que los demás esperan de ti, por un cúmulo de emociones que hayan podido ver en tu persona. Y esto es muy liberador. Saber que tienes la capacidad de poder cambiar, de observar tu propia vida y aprender de todo lo que estás viendo. 

Quizá, esto que escribo hoy solo tiene sentido si has probado a meditar de esta manera, o de cualquier manera en realidad, o compartes esta visión del mundo tan abierta y llena de nuevas oportunidades.

En cualquier caso, lo voy a dejar por hoy. Aquí abajo el link. 
Si os ha gustado o lo encontráis interesante, compartid! :)

https://www.youtube.com/watch?v=oeXs3VrzhWA
Autora: Cristina Herrero

 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Como nos gusta hacernos daño

Hay gente con la que no puedes evitar hacerte daño.
Extiendes ciertos lazos de complicidad, y no sabes por qué, vuelves contra esa persona esos mismos lazos. 

"Todo lo que hayas dicho o hecho podrá ser utilizado en tu contra" podrías decir cuando firmas un acuerdo de amistad. Y lo haces, tarde o temprano. 

Cómo nos gusta hacernos daño! De donde habremos sacado este deseo pseudo-masoquista que nos empuja a hacer el mal a cambio del mal? Sabemos que no vamos a sacar nada bueno de eso, y sin embargo, pinchamos, y pinchamos, a cambio de bofetadas virtuales.
Quizá es que nos faltan estímulos malévolos y los intentamos sacar de las personas más cercanas que tenemos, que creemos que lo pueden aguantar. 

Es posible que lo aguanten. Es posible que no. Que debajo de todas esas risas escondan heridas que se abran y a las que les estés echando sal. Pero no lo sabrás. Porque prefieren callarse y haer como que no pasa nada. Solo cambian la actitud y desaparecen de tu vida. 

martes, 2 de diciembre de 2014

El conejo de la chistera se ha enfadado.

A veces te miro y me gustaría llamarte a la cara; mentiros@

Tú, que te escudas en tus propias acciones, para pretender que es verdad algo que se que es mentira. Mimetizas tu verdad en esas acciones que no quieres hacer, pero que haciéndolas, distraes la atención. Como un mago que no está seguro de su truco final, y tiene a un pobre conejo, ahogándose en el falso fondo de la chistera. 

El gran problema, es que los trucos de magia, si no son buenos, si no son espectaculares a primera vista, hacen que pierdas interés en la fachada, en todo el paripé. Y comienzas a buscar grietas, a ver el transfondo. 

Y de pronto, comienzas a sentir pena por el conejo de la chistera, porque ves que está siendo utilizado para que el mago deje de sudar sangre, y termine con la función. 

Pobre conejo en la chistera, que hasta que no luz por la rendija del doble fondo de la chistera, cree que es parte del espectáculo.

Pobre mago, que siendo tan patético, pretende engañarnos a todos con un truco tan malo. 

Así es que alguien de entre el público debería subir al escenario a detener la absurda función y dejar en ridículo al mago, y a su ayudante, para que vuelvan a la soledad de su hogar, y acaben la maldita función en privado. 

Yo he querido ser tantas veces el espontáneo del público, que ya no me hacen caso cuando quiero subir al escenario. Tan solo me queda cuchichear para molestar y esperar que el mago se de por aludido. Aunque quizá el conejo podría saltar de la chistera, y morderle la mano...

Todo esta gran parábola para volver al inicio: mentiros@. Eres una persona muy mentirosa. Y yo lo sé, mejor que nadie, porque todas esas mentiras.... las inventé yo.