Ganas de hacer un gran Hi Five! En la cara. Con una silla.
No voy a negar que tengo una gran cantidad de rabia acumulada, y lo que es más,
contenida.
Todo el mundo conoce a algún mentiroso. Incluso nosotros
mismos mentimos, unos con mejor resultado que otros, eso es cierto. Lo curioso,
es que cuando nos encontramos con un mal mentiroso que te está explicando “su
verdad”, reconocemos la mala mentira de lejos, y por dentro, no puedes dejar de
decir “mentira, mentira, mentira”.
Es en esos momentos cuando la lucha interna por mantener
un canon social de estabilidad emocional con la otra persona y, básicamente
destapar toda la trama para ponerlo en evidencia, se sucede.
Alguien siempre se va a sentir incómodo. O bien el que
recibe la mentira, sabiendo lo que es en realidad, y no poder hacérselo saber
al otro. O el otro, al evidenciarlo. No hay ganadores, solo ignorantes. En una
sociedad utópica, la verdad prevalecería, y todos deberíamos ser capaces de
asumir nuestras responsabilidades, sin causar mal a otra persona, y sin
sentirse humillado por una respuesta. Pero en esa sociedad utópica no existe la
familia, ni los amigos, ni las parejas. Preferimos callar si sabemos que
nuestras palabras pueden hacer daño. Aunque eso signifique modificar nuestra
conducta.
Solo puedo decir de este tema, por si alguien se sintiese
aludido, que para mentir, hay que tener muy buena memoria. Es verdad eso de que
se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.
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