jueves, 24 de enero de 2013

50 sombras de Grey; o como sobrevalorar una novela hasta decir basta



Ya estaba tardando en pronunciarme sobre esto. Y he tardado mucho. Mucho considerando el grado de indignación al que he llegado de tanto escuchar “lo buena” que es la trilogía.

Como toda buena lectora de novelas, llegó a mis oídos hace un tiempo, el nombre de E.L James, y su libro, 50 sombras de Grey. Me lo recomendó una amiga en la que confío en cuanto a sus opiniones de los libros, ya que coincidimos bastante en gustos. Me dijo algo así como “tienes que leértelo, hay parte de BDSM, pero es muy suave”.  

Por supuesto me lo leí. El primer libro. Un tocho de 395 páginas en las que explica de manera repetitiva y simplona como una jovencita, Anastasia Steele, sin mucha experiencia en la vida, se encuentra con un hombre, Christian Grey, que se encapricha de ella, e intenta mantener una relación basada en el sexo con tintes de sadomasoquismo.

Grey, lo tiene todo para resultar interesante al lector. Es guapo, multimillonario, y un pasado turbio. Y, oh! que sorpresa! Se acaba enamorando de la jovencita Steele, que de entrada dice que sí a todo lo que le propone, pero parece que no le hace mucha gracia el rollo sadomasoquista, y acaban echando “polvos vainilla” (tal y como lo  describen ellos mismos) una y otra vez. Y otra vez. Y ella se sonroja y llora. Y otra vez. Y otra vez. Y ella se vuelve a sonrojar y vuelve a llorar.

Hacia la mitad del libro, ya se ha perdido la magia de la promesa de innovación. Empecé el libro con ilusión, sin duda, pero es tremendamente repetitivo. Hasta el punto que las escenas de sexo son tediosas y empiezas a pensar: a ver si acaban de follar ya y hablan, o se explican algo nuevo, o hay un giro en la historia que me haga volver a interesarme por ello. Eso lo estuve pensando cuando empecé el segundo libro, y al llegar al final del tercero, podía ver perfectamente en mi cara como se formaba la palabra: DECEPCIÓN

Por otra parte, no soy ni mucho menos, experta en BDSM, pero me da la impresión que es algo más que pegar cachetadas en el culo, o atar las manos. Eso sí, lo han vendido muy bien, un márqueting fabuloso, sobretodo por el boca a boca. Han hecho creer que ese libro iba a revolucionar los cuentos de cama, que iba a despertar fantasías. En esas páginas no se vende nada de eso, o al menos yo no lo he encontrado. Por eso no puedo dejar de preguntarme, que tan mala es la vida sexual de esos lectores que dicen que es una obra maestra. ¿De verdad nadie ha jugado de esa manera entre las sábanas? Mire usted, yo quiero que me sorprendan con un libro, y este no lo ha conseguido.

Es más, de un tiempo a esta parte he leído, devorado más bien, novelas de la llamada temática rosa. Novelas que son romanticismo puro y duro, y en todas ellas, no hay ni una que se salve, hay relaciones sexuales. Y mucho más explícitas, picantes, divertidas e interesantes que esas adoradas 50 sombras.

Puedo nombrar cientos, puedo ir desde las más románticas, como “Mi pirata malvado” de Rona Sharon, pasando por los vampiros viciosos de Sherrilyn Kenyon (que esos si que tienen sombras, no nuestro amigo Grey), por los maravillosos highlanders de Karen Marie Moning, que igual te montan una cena romántica en el trabajo que te follan como salvajes en el suelo de un aeropuerto, hasta llegar al libro directamente erótico, por no decir pornográfico, más depravado que he leído en mi vida: Cartas incestuosas, de Nathalie More. Editorial “La Marrana”. Solo digo eso.

Por eso no me cansaré nunca de decir que esta novela está completamente sobrevalorada. Son personajes planos, que, sí, es una opinión personal, no me convencen, incluso me caen un poco mal. No hay sorpresas. No hay una trama elaborada. Es lo mismo de siempre. Chica conoce chico. Chica se enamora de chico. Chico tiene problemas. Chica intenta ayudarle. Chico no se deja. Chica llora y lo pasa muy mal. Chico se enamora de chica. Y el final, ¡y ese final! Ese final que está escrito deprisa y corriendo, en el que se resuelven todos los problemas del chico en dos líneas de un epílogo, mientras que te has pasado cuatro páginas explicando como eran las botas y el jersey de color crema hortera que te has puesto!!!!!

Señoras y señores; esta novela es una más de las miles y miles de novelas rosas que existen. No es para nada la mejor. Tampoco la peor, todo hay que decirlo. James es tan básica escribiendo que se lee muy bien, muy rapidito. Y si, entretiene. Si te sorprende… bueno, aprovecha y prueba a ponerlo en práctica. Quizá cuando la vuelvas a leer podrás encontrarle otra perspectiva.

Eso sí, ha conseguido que gente que no ha cogido un libro en su vida se haya aficionado a la lectura. Y eso ya es un gran logro. 

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