Estos dias ando excesivamente sentimental, lo podría achacar a la revolución mensual de hormonas, pero supongo que en realidad siempre soy así. Un pequeño caos en un cuerpo de metro sesenta.
Por eso no puedo dejar de expresar la tristeza y la emoción que me embargó ayer por la noche, cuando, haciendo zapping, encontré de nuevo esa película que me gustaba tanto y que hacía tiempo no había visto: Big Fish, de Tim Burton. Es una película que habla de una vida llena de cuentos, literalmente. De historias tergiversadas e inventadas que tienen su punto de verdad. Al llegar al final, siempre había llorado... simplemente me emocionaba. Pero ayer, ese final adquirió otro significado.
En la escena final, que linko a continuación, Edward, en sus últimos instantes de vida le pide a su hijo que le cuente como se marcha. Y la cuestión es que se va con todo el amor de la gran cantidad de personas que conoció a lo largo de su vida y que le apreciaban. Así como el amor de su familia, de su propio hijo, que nunca creyó sus cuentos.
Al verlo, recordé a mi padre. Justo en el mismo instante, en la cama de un hospital, donde poco a poco, fueron pasando casi todas las personas que le apreciaban, que no eran pocas.
Quizá yo nunca creí sus historias, realmente, Quizá estaba tan harta de las mentiras que no llegué a apreciar el transfondo que escondían. Quizá fueron verdad, aunque fuera solo en su mente. Quizá le culpaba por unos fallos que no pudo evitar cometer.
Pero al igual que en la cinta, lo que si fue real fue el cariño de la gente. Todos aquellos que acudieron para darle un último adiós. Como estaba de abarrotada la iglesia. Cuantas personas, aun, después de nueve meses, nos paran por la calle y nos dan el pésame. La manera en la que lo recuerdan, con su genio, sí, pero también con su afabilidad y buen humor.
Le sigo echando mucho de menos, y aun me da la sensación de que algún dia lo veré entrar por la puerta de mi habitación, con su cigarro a medias, trayéndome una pulserita que me ha comprado en algún sitio, con las letras de mi nombre hechas con brillantes.
Solo que ahora no estaría incómoda por su presencia. No le daría las gracias forzadas y hablaría cuatro palabras de cortesía con él. Ahora le abrazaría y le besaría, y le diría que le quiero y le hecho de menos. Y que nos espere, aunque sea durante mucho tiempo, que nos espere.
Solo eso.
lunes, 31 de enero de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
No alzaremos mucho la voz....
... vaya ser que el destino me oiga y quiera desbaratar mis planes.
Lamentablemente, no pude irme el año pasado a vivir fuera como yo quería. Cosas que tiene la vida. Había decicido casi completamente, hechar raíces, y que el viento decidiera por mi.
Pero los sueños nunca mueren, tan solo los soñadores. Y aunque mi plan era morir joven, cual artista trágicamente vencido por la vida, veo que aun tengo mucha guerra que dar.
El regreso, percipitado y solo por unos días, de mi "corresponsal" londinense, me ha llenado de ánimo y fuerzas renovadas. Si todo va bien... (por favor, por favor! que vaya bien!!) me uno a él en breve. En muy poco tiempo.
Por ahora, estoy buscando trabajo por internet allí. No tiene mala pinta, solo necesito un poquito de suerte y un poquito de apoyo.
Puede que me de un tiempo de prueba. Si no, volveré y empezaré de nuevo.
Pronto, muy pronto. Mucho más de lo que esperaba. No diré más. Solo que pronto dejaré atrás mis pesados lastres... y quiero que todo vaya bien esta vez.
Lamentablemente, no pude irme el año pasado a vivir fuera como yo quería. Cosas que tiene la vida. Había decicido casi completamente, hechar raíces, y que el viento decidiera por mi.
Pero los sueños nunca mueren, tan solo los soñadores. Y aunque mi plan era morir joven, cual artista trágicamente vencido por la vida, veo que aun tengo mucha guerra que dar.
El regreso, percipitado y solo por unos días, de mi "corresponsal" londinense, me ha llenado de ánimo y fuerzas renovadas. Si todo va bien... (por favor, por favor! que vaya bien!!) me uno a él en breve. En muy poco tiempo.
Por ahora, estoy buscando trabajo por internet allí. No tiene mala pinta, solo necesito un poquito de suerte y un poquito de apoyo.
Puede que me de un tiempo de prueba. Si no, volveré y empezaré de nuevo.
Pronto, muy pronto. Mucho más de lo que esperaba. No diré más. Solo que pronto dejaré atrás mis pesados lastres... y quiero que todo vaya bien esta vez.
viernes, 28 de enero de 2011
Empecemos por lo básico
Ahora mismo estoy pensando en.... ¿que hubiera sido de nosotros sin internet? Muchas formas de expresión habrían muerto, y no habríamos conocido a grandes talentos que de otra manera habrían quedado encerrados en un garaje, aislados en un estudio, perdidos por la calle... o aprisionados en una habitación.
Así pues, como la vida de un escritor no es fácil y muchas de sus creaciones nunca ven la luz, he empezado un nuevo blog (a la par de una nueva vida, debo decir) al que, con vuestro permiso, le voy a dar un toque ligeramente más serio, en el que estoy publicando poco a poco mis trabajos.
De entrada, regalo dos relatos que hice hace hace algun tiempo, pero que a su manera, siguen siendo las niñas de mis ojos. Espero que os guste, que me permitáis saber vuestra opinión, y que os guste leerlo tanto como a mi el escribirlo.
Algún dia, cuando averigüe como demonios funciona el maldito escáner de mi maldita impresora, subiré también mis ilustraciones.
Este blog sigue su curso, siendo más personal y cuna de mis desvariaciones.
La dirección del nuevo blog es: http://neherenniasplace.blogspot.com/
Allá vamos.
Así pues, como la vida de un escritor no es fácil y muchas de sus creaciones nunca ven la luz, he empezado un nuevo blog (a la par de una nueva vida, debo decir) al que, con vuestro permiso, le voy a dar un toque ligeramente más serio, en el que estoy publicando poco a poco mis trabajos.
De entrada, regalo dos relatos que hice hace hace algun tiempo, pero que a su manera, siguen siendo las niñas de mis ojos. Espero que os guste, que me permitáis saber vuestra opinión, y que os guste leerlo tanto como a mi el escribirlo.
Algún dia, cuando averigüe como demonios funciona el maldito escáner de mi maldita impresora, subiré también mis ilustraciones.
Este blog sigue su curso, siendo más personal y cuna de mis desvariaciones.
La dirección del nuevo blog es: http://neherenniasplace.blogspot.com/
Allá vamos.
domingo, 16 de enero de 2011
Londres en 24 horas
Dejando atrás los cálidos rayos de sol que me calentaban en el avión, Londres me recibía huraña, como recién despertada de una siesta de la que no había obtenido descanso.
Por las calles, entre el bullicio de los turistas recién llegados con la nariz pegada a un mapa y los residentes de la ciudad, con prisas y mirada al frente, me dirijo al hotel pensando cual es la razón que siempre me lleva a escoger los establecimientos que están al final de una calle interminable.
Después de una pequeña discusión con el recepcionista paquistaní (pronto descubriría que el 90% de los hoteles están dirigidos por ellos), una pequeña parada en la habitación para adecentarme. Estoy invitada a una exposición de arte.
Dejo el hotel y me interno en los famosos metros de la ciudad, sorprendentemente caros e incomodamente pequeños comparados con los de mi ciudad condal. Al llegar a destino y salir a la calle, no me sorprende que llueva, pero mentalmente me doy una cachetada por haber dejado mi paraguas en el coche, que está comodamente aparcado en el aeropuerto. Diez minutos andando, la cachetada es casi una autofustigación. Mi maquillaje ha desaparecido, mi pelo es una maraña de rizos impertinentes y mi ropa está empapada.
En la exposición concreto tres cosas:
1 - no me gustan nada las obras expuestas
2 - es curioso que entienda mucho mejor el inglés de los que no son ingleses (en realidad no es tan curioso, es que pronunciamos igual de mal)
3 - me gusta ese ambiente
A pesar de que voy en calidad de acompañante-traductora, encuentro fascinante estar rodeada de artistas, aunque personalmente, considero aútenticos a unos pocos. Hablar con ellos de nuestras pasiones es gratificante. Me denomino a mi misma "escritora", y cuando hablo de mis obras, veo curiosidad y aceptación. Un estamos-entre-colegas que es un secreto a voces.
Veo muchos como yo, iniciandose en sus carreras y llenos de ilusión. Eso me hace pensar, que no estoy sola. Los comienzos son duros en este mundillo, pero hay que luchar por ser lo que quieres ser.
Salgo de allí con energias renovadas. Hay contactos ahora, quizá no sirvan para nada, pero al menos tienen mi nombre, y yo el suyo.
Al salir de allí, frente al panorama desolador de frío y llovizna me encuentro con una cara conocida. La cara que cada día hecho un poquito más de menos. Besos y abrazos. Andamos cogidos de la mano. En realidad no hay mucho que contarnos, pero agradezco su presencia. Creo que es la única persona con la que el silencio no es incómodo.
Me gustaría decirle que iré pronto, me gustaría que me dijese que me estará esperando, pero por el momento no habrán promesas. Todo debe ir por el camino que ha sido marcado.
Al día siguiente, de buena mañana, con el frío metido en el cuerpo, toca el turismo y las fotos de rigor. Nada importante. Quizá que me siento un poco más feliz y un poco más triste a la vez.
En el avión de vuelta a casa, estoy exhausta. Agradezco infinitamente el sol que entra por las ventanillas y calienta poco a poco la piel. Me adormezco con el pensamieto de que Londres es demasiado señorial para mi. También demasiado triste. De todos modos, nunca fue mi destino predilecto. La isla vecina es la que tiene todas las de ganar.
Por las calles, entre el bullicio de los turistas recién llegados con la nariz pegada a un mapa y los residentes de la ciudad, con prisas y mirada al frente, me dirijo al hotel pensando cual es la razón que siempre me lleva a escoger los establecimientos que están al final de una calle interminable.
Después de una pequeña discusión con el recepcionista paquistaní (pronto descubriría que el 90% de los hoteles están dirigidos por ellos), una pequeña parada en la habitación para adecentarme. Estoy invitada a una exposición de arte.
Dejo el hotel y me interno en los famosos metros de la ciudad, sorprendentemente caros e incomodamente pequeños comparados con los de mi ciudad condal. Al llegar a destino y salir a la calle, no me sorprende que llueva, pero mentalmente me doy una cachetada por haber dejado mi paraguas en el coche, que está comodamente aparcado en el aeropuerto. Diez minutos andando, la cachetada es casi una autofustigación. Mi maquillaje ha desaparecido, mi pelo es una maraña de rizos impertinentes y mi ropa está empapada.
En la exposición concreto tres cosas:
1 - no me gustan nada las obras expuestas
2 - es curioso que entienda mucho mejor el inglés de los que no son ingleses (en realidad no es tan curioso, es que pronunciamos igual de mal)
3 - me gusta ese ambiente
A pesar de que voy en calidad de acompañante-traductora, encuentro fascinante estar rodeada de artistas, aunque personalmente, considero aútenticos a unos pocos. Hablar con ellos de nuestras pasiones es gratificante. Me denomino a mi misma "escritora", y cuando hablo de mis obras, veo curiosidad y aceptación. Un estamos-entre-colegas que es un secreto a voces.
Veo muchos como yo, iniciandose en sus carreras y llenos de ilusión. Eso me hace pensar, que no estoy sola. Los comienzos son duros en este mundillo, pero hay que luchar por ser lo que quieres ser.
Salgo de allí con energias renovadas. Hay contactos ahora, quizá no sirvan para nada, pero al menos tienen mi nombre, y yo el suyo.
Al salir de allí, frente al panorama desolador de frío y llovizna me encuentro con una cara conocida. La cara que cada día hecho un poquito más de menos. Besos y abrazos. Andamos cogidos de la mano. En realidad no hay mucho que contarnos, pero agradezco su presencia. Creo que es la única persona con la que el silencio no es incómodo.
Me gustaría decirle que iré pronto, me gustaría que me dijese que me estará esperando, pero por el momento no habrán promesas. Todo debe ir por el camino que ha sido marcado.
Al día siguiente, de buena mañana, con el frío metido en el cuerpo, toca el turismo y las fotos de rigor. Nada importante. Quizá que me siento un poco más feliz y un poco más triste a la vez.
En el avión de vuelta a casa, estoy exhausta. Agradezco infinitamente el sol que entra por las ventanillas y calienta poco a poco la piel. Me adormezco con el pensamieto de que Londres es demasiado señorial para mi. También demasiado triste. De todos modos, nunca fue mi destino predilecto. La isla vecina es la que tiene todas las de ganar.
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