Ayer tuve la satisfacción de poder acudir al espectáculo del Circ du Soleil, Varekai.
Fue como sumergirme en un sueño abstracto y hermoso que me llevaba de la mano a un mundo de fantasía. Deseé poder fundirme entre toda esa magia, y vivir en ese lugar de sueños. Me alejé deliciosamente de esta vasta realidad y viajé por el cielo con aves de prominentes músculos, solo para bajar hasta un bosque encantado, esquivando seres malignos que me impedían reunirme con mi amado. Caí al agua y pude disfrutar de contorsionistas sirenas que no dejaban de sonreirme, mientras me arrastraban al fuego de un volcán. Allí encontré increíbles demonios de fuego que volaban como ángeles.
Y pude ver la unión de dos seres hermosos como la luz.
Fue un auténtico milagro artístico y no puedo más que agradecer a todo ese equipo su labor, por haber venido y haber compartido con Barcelona su don.
Desde las instalaciones, pasando por la atención recibida (nunca agradeceré bastante a aquel simpático acomodador que nos pasara a la segunda fila pese haber comprado entradas en las últimas)el equipo técnico, y por supuesto, los artistas.
Creo que cuando un espectáculo lleva mucho tiempo emitiendo funciones diarias, acaba pesando, y ese cansancio se nota en el escenario.
Por eso me emocionó más si cabía, que se notara la fuerza que desprendían y la pasión que los guiaba.
Una vez más, gracias. Volveré a veros siempre que nos hagáis un poco más felices con vuestra presencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario