Como dice Duncan Dhu, puede que haya algún lugar de un gran país, donde al nacer, no haya que morir. Donde las personas se marchen con el viento y griten que no van a volver. Y lo puedan decir en serio. Sin miedos y sin nadie que los arrastre de nuevo a la tierra.
Puede ser que exista. Pero puede que todo se reduzca a vanas intenciones. Porque es verdad, no hay camino que llegue hasta ahí, para que luego se pretenda salir.
Puede que todo se reduzca también a los anhelos que tenemos. A cosas que queremos conseguir, a esos sueños que se quedan en ideales de grandeza, y que mueren con el tiempo.
¿Debemos vivir de ilusiones, entonces? Esperando siempre al trabajo ideal, por el que tengas verdadera vocación, pero viéndolo lejano, porque se ha de ser realista y no se puede llegar a fin de mes con él.
Esperando que te respeten, que te admiren y que te quieran, solo por ser tu mismo. Que no se tenga que sonreir para no preocupar. Que te acepten en lo bueno y en lo malo, y que no tengas que dar algo a cambio de esa simpatía.
Esperando también, al amor verdadero, que en cuanto lo veas sepas "es para mi". Que no tengas que morderte la lengua pensando en que está con otra persona que no le amará de la misma manera en la que lo haces tú, que es como se merece.
Pero en cambio vivimos viendo como pasan los días, sin comprender lo que para todo el mundo es normal.
Y todos lo pensamos. En realidad no somos tan distintos los unos de los otros. No existe un reducido grupo de personas que sean especiales por pensar de esta manera. Existe un grupo de personas que son especiales por decir que se sienten de esta manera.
Porque muchos callan y aceptan la situación que les sobreviene, porque "es lo que toca" y hacen como que no va con ellos. Ellos saben lo que pasa, su mundo es igual que el tuyo y que el mío, pero echan la vista a un lado y siguen andando, y pasan por la vida sin pena ni gloria.
Quizá deberíamos hablar más sobre la vida diaria, parándonos a pensar sobre ella y hacer un esfuerzo por hacerle una puesta a punto, e ir por el camino que queremos llevar, no por ese que ya está hecho, que, aunque es más llano y fácil, todo el mundo ya ha pasado por él.
Inevitablemente todos los caminos conducen al mismo sitio, y no se vosotros, pero para acabar muriéndome de todas maneras, yo prefiero explorar otras formas distintas de llegar. Solo vamos a vivir una vez, y cada instante pasado ya no volverá. ¿Por qué desperdiciarlos?
No esperemos más, no dejemos que lo normal sea nuestro ritmo de vida. Yo no voy a encabezar ningún grupo de gente ni movimiento ni nada, pero me encantaría encontrarme por ahí agún que otro despistado que ha salido del rebaño.
He dicho.
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