.... fin de semana de silencio, y en cambio lleno de música. Porque cuando no hay nadie alrededor, lo único que queda es estar callado, e inevitablemente te pones a pensar. Comienzas estirándote en la cama ( si en casa solo dispones de la privacidad de una miserable habitación, y además en mi caso, adornada con unas paredes escandalosamente finas ), observando el techo, descubriendo colores que no recuerdas haber visto antes, jugando con sombras que realmente no están ahí. Miras las esquinas, ves una humedad. Miras las paredes, los posters, incluso revives la historia de porque compraste ese y no el otro, que de hecho, hubiera quedado mejor...miras los libros, que no te apetece leer ninguno. Miras los dvd's, y tampoco te apetece ver ninguno porque los has visto todos 20 veces como mínimo. Ves más libros. La pila de ropa que hay para colocar en el armario, que se reparte entre una silla y la mesa donde está el ordenador, que tampoco te apetece encender, porque prácticamente lo acabas de apagar después de una sesión maratoniana.
Son las 4 de la tarde y no hay absolutamente nada que hacer. Te levantas. Das una vuelta por el reducido espacio. No es lo más indicado para hacer los cien metros lisos. Miras con atención todos y cada uno de los objetos que tienes. No hay nada con lo que te puedas entretener. Cojes algún muñequito. Lo miras, lo mueves. Miras la habitación mientras le das golpecitos al muñeco con la otra mano. Dejas al muñeco en la estantería, que por cierto, piensas que si luego tienes ganas, y solo si tienes ganas, limpiarás, porque aquello parece un criadero de ácaros.
Miras por la ventana. Está lloviendo. El día está gris. No hay nadie en la calle. Como mucho un par de crios haciendo el mico por ahí. Echas vao en el cristal y escribes tu nombre en él. Quizá hasta dibujes una sonrisa. Lo borras y te vas a hacer turismo por la casa, porque ves que la habitación no va dar más de si. Te cruzas con tu madre que aprovecha la ocasión para comentarte lo que han dado en las noticias, lo mal que está el mundo, y a quien se ha encontrado por ahí esta mañana. Ves a tu padre criando champiñones en el sofá, de la inmovilidad que tiene. Pasas por la cocina. Abres la nevera por abrir a ver que hay. No hay nada que te guste. Vas de nuevo al salón, donde repites lo que has hecho en tu habitación, miras absolutamente todo lo que hay a ver si algo te puede sacar del aburrimiento. A los cinco minutos vas de nuevo a la nevera, por si acaso los yogures han digievolucionado en petit suisse. No lo han hecho.
Te vuelves a tu habitación. Te encuentras a mitad del camino con tu perro. Le haces fiestas durante 10 minutos, lo que tarda el pobre bicho en cansarse de ti y alejarse al trote.
Llegas de nuevo a tu habitación. Te vas de nuevo a la ventana. Apoyas la frente en el cristal otra vez, mientras comienzas a pensar donde estarán tus amigos. Piensas en llamarlos. Son las cuatro y media de la tarde. Sabes que la mitad o están con sus respetables parejas, o se están acicalando para estarlo pronto. La mitad de los restantes estarán durmiendo o viendo una peli de sobremesa que los induce al sueño, y pasas porque realmente sabes el mal humor que tienen recién despertados. Y los que quedan, o no están en la ciudad o están con otros amigos a los que no pueden ver entre semana, y no es plan de hacerles cambios de planes.
Así que que es lo que queda....? música. Pones el cd donde recopilaste tooooodas las canciones que te bajaste del Ares en todos estos años (Volumen 1, de la A a la G) y te apalancas un poco más, pero al menos vas escuchando canciones que te gustan. Y poco a poco te vas animando, porque llegan pronto esas pistas que cada vez que suenan te pones a cantar. Y afortunadamente dejas de pensar en lo que sea que estés pensando, y dejas fluir esas canciones por todo tu cuerpo, y te pierdes en las historias, en el ritmo.... hasta que hay alguna que siempre recuerda a alguien, o a algo que no qurías recordar justo en ese momento, pero bueno, al menos lo has intentado. Y es eso de lo que quería hablar hoy, realmente, de las canciones que me hacen pensar en algo, aunque ese no haya sido mi principal propósito al poner mi atención en ellas.
Pero veo que me ha salido un monólogo ligeramente soso, pero sin comerlo ni beberlo, y como es tarde.... acabaré en otro momento. Prometido.
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