lunes, 27 de abril de 2015

Esto no es una historia de tortura (I)

El verdugo

Es un salón oscuro, de paredes negras como el carbón. El aire es frío y seco pero no corre ni un soplo de viento.

Al final de la estancia, separado por unas cortinas de terciopelo rojo, granate, color sangre, se puede distinguir un foco de luz, que cae directamente sobre una silla. No es exactamente una silla, es algo más grande. Es un trono. Hecho de oro macizo, con filigranas en las patas y en los brazos. En la parte superior del respaldar, la cabeza de una serpiente mostrando los largos colmillos.

Es demasiado grande para una sola persona, pero lo ocupa una simple mujer. De piernas cruzadas y apoyada sobre uno de los brazos, recostando su cabeza en un puño. Su expresión, taciturna. Las cejas fruncidas por el dolor de cabeza que siempre la persigue. Blanca como la leche, sus cabellos negros, sus ropas del mismo color. Así no se distinguen las manchas rojas.

Nadie sabe si ese pequeño fulgor blanquecino que despide es debido a la misma luz que se derrama sobre ella, o bien su cuerpo despide esa radiación. El “ángel de la muerte”, se oye murmurar, cuando las cortinas se abren y ella da su sentencia.

Por el momento las cortinas están cerradas. Ella no puede ver la cola de gente que hay tras ellas, esperando para ser juzgados. Todo el bien y todo el mal que han hecho en sus vidas, juzgados con la mano dura de un verdugo injusto. Tan solo oye murmullos y lamentos de la gente que está por venir.

Ella levanta la vista, cansada, dolorida, asqueada de todo y de todos. Su corazón es tan negro como las paredes. Alberga el odio que ha ido cosechando toda su vida. Le dieron la espalda y ella acabó por darle la espalda al mundo. Su sonrisa se tornó fría y sus dientes más afilados. Mentirosa, perversa y maliciosa, se convirtió en el tipo de persona con el que siempre luchó. Escondía sus oscuros propósitos enmascarándolos en caricias silenciosas, para luego vomitar todo el dolor que le habían provocado.

El silencio puede ser la peor de las estrategias. Puesto que se acumulan todos los pensamientos negativos. Ahí estaba ella. En ese punto donde guardó todo el dolor provocado. Todo el asco que sentía por la gente. Y por fin había llegado el momento de sacarlo.


Está preparada para impartir sentencia.