domingo, 1 de mayo de 2011

Yonkis del dolor

Me hace gracia esa expresión. Me la acostumbra a decir un amigo cuando ve que hago algo que no debería hacer.
Bueno, al menos se que compartimos condena. Mal de muchos, consuelo de tontos dicen. A mi ya me está bien en realidad. Hay que aceptar las definiciones de uno mismo cuando son acertadas.

Un adicto sabe (o no) que tiene un problema con una sustancia. Sabe que aunque después se va a sentir mal, porque va a tener mono, porque le va a dar el bajón, porque el sentimiento de felicidad es efímero... sigue consumiendo, aunque sean unos gramos.

Y dice alegremente: "yo lo puedo dejar cuando quiera" ¡Pobre iluso! Todas las drogas enganchan. El alcohol, el tabaco, la coca, la heroína, el sexo, el amor... y el dolor.

Puede ser que hayamos sido sadomasoquistas, allà en el siglo XIX, protagonistas de "Justine o los infortunios de la virtud" y nos queden cuentas que saldar en esta nueva vida. Ves a saber...

Por lo pronto, estoy, estamos, a la búsqueda de una nueva droga que probar, y salir del pozo de mierda en el que nos hundimos poco a poco.
Eso si, al salir no hará falta que nos tatuemos una telaraña en el codo, afortunadamente.

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