martes, 27 de enero de 2009

Hoy, necesidad.

Esta es la manera en la que he decidido comenzar. Expresando un sentimiento arraigado desde hace tiempo. Desgarradora verdad, y lamentable pérdida.
... El deseo de poseerte me consume. No puedo evitarlo. Soy como una adicta a tu presencia. No consigo que pase un maldito minuto sin que piense en ti. En todo momento recuerdo tu olor, el calor de tu piel, la visión de tu hermoso ser.
Que dios me perdone pero no puedo pensar en otra cosa que tenerte entre mis brazos, hacerte mío y olvidar que existe un cielo sobre mi cabeza, y un suelo bajo mis pies.

A veces, sin siquiera desearlo, tu perfume se cuela por entre mis sentidos. Aunque no estés cerca, y eso me hace mirar a mí alrededor, esperando verte. Esperando oírte.
¡Te deseo tanto! Me duelen las manos de no tocarte. Me duelen los labios de querer besarte. Mi cuerpo ansia el peso del tuyo, para sentirlo en su plenitud. Gime sin querer. Se estremece de anhelo, soñando con las caricias que nunca me darás. Las deseo más que un condenado a muerte ansía la absolución.
Quisiera gritar una y otra vez hasta hacer que te parases en seco y me mirases. Que vieses realmente quien soy y que quiero. Que olvidases por un momento que alguna vez nos conocimos.

Nunca en mi vida, había deseado tanto como deseo ahora. Ninguna mujer me había hecho sentir así. El placer de la descubierta es ahora mayor. A veces, no puedo evitar dibujarte en mi mente, sonriéndome como quiero que lo hagas, amándome de la manera que merezco que lo hagas. Sometiéndome a tu voluntad, como desearía que quisieras hacer. Y mi cuerpo responde, esté donde esté. Desde el lecho donde tan solo puedo satisfacer mis fantasías en soledad, hasta mi lugar de trabajo, enfrente de la pantalla de un ordenador, noto como mi cuerpo se encoge y se estira, como pequeñas descargas eléctricas que me dejan expectante.

Quisiera gritar de frustración. Abrazarte la próxima vez que te vea y ronronearte, frotarme contra tu cuerpo, seguir con mi cabeza la línea de tu garganta, tus mejillas y buscar tu pecaminosa boca. Y deleitarme con tus besos. Los deseo.
Las palabras ya no son suficientes para expresar lo que mi cuerpo ansía. Tus palabras se me han quedado ancladas en mi recuerdo. Las pequeñas caricias no han hecho más que alimentar mis deseos de poseerte, de que tus manos abarquen todo mi cuerpo.
Te deseo. Tantísimo que no puedo hacer más que callar y seguir alimentando esta llama…. hasta que consuma todo el aire a su alrededor, y se apague. Es lo único que puedo hacer. Dejarla extinguirse...

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