¡Ah, principito! Así, poco a poco comprendí tu pequeña vida melancólica. Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Me enteré de este nuevo detalle, en la mañana del cuarto día, cuando me dijiste:
- Me encantan las puestas de sol. Vamos a ver una puesta de sol....
- Pero tenemos que esperar...
- ¿Esperar qué?
- Esperar a que el sol se ponga.
Al principio pareciste muy sorprendido; luego, te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
- Me creo siempre en casa!
En efecto. Todo el mundo sabe que cuando es mediodía en Estados Unidos el sol se pone en Francia. Bastaría ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol. Desgraciadamente, Francia está demasiado lejos. Pero sobre tu pequeño planeta te bastaba mover tu silla algunos pasos. Y contemplabas el crepúsculo cada vez que lo querías.
- Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.
Y poco después agregaste:
- ¿Sabes?... Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol...
-¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?
El principito no respondió.
jueves, 29 de enero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
Hoy, necesidad.
Esta es la manera en la que he decidido comenzar. Expresando un sentimiento arraigado desde hace tiempo. Desgarradora verdad, y lamentable pérdida.
... El deseo de poseerte me consume. No puedo evitarlo. Soy como una adicta a tu presencia. No consigo que pase un maldito minuto sin que piense en ti. En todo momento recuerdo tu olor, el calor de tu piel, la visión de tu hermoso ser.
Que dios me perdone pero no puedo pensar en otra cosa que tenerte entre mis brazos, hacerte mío y olvidar que existe un cielo sobre mi cabeza, y un suelo bajo mis pies.
A veces, sin siquiera desearlo, tu perfume se cuela por entre mis sentidos. Aunque no estés cerca, y eso me hace mirar a mí alrededor, esperando verte. Esperando oírte.
¡Te deseo tanto! Me duelen las manos de no tocarte. Me duelen los labios de querer besarte. Mi cuerpo ansia el peso del tuyo, para sentirlo en su plenitud. Gime sin querer. Se estremece de anhelo, soñando con las caricias que nunca me darás. Las deseo más que un condenado a muerte ansía la absolución.
Quisiera gritar una y otra vez hasta hacer que te parases en seco y me mirases. Que vieses realmente quien soy y que quiero. Que olvidases por un momento que alguna vez nos conocimos.
Que dios me perdone pero no puedo pensar en otra cosa que tenerte entre mis brazos, hacerte mío y olvidar que existe un cielo sobre mi cabeza, y un suelo bajo mis pies.
A veces, sin siquiera desearlo, tu perfume se cuela por entre mis sentidos. Aunque no estés cerca, y eso me hace mirar a mí alrededor, esperando verte. Esperando oírte.
¡Te deseo tanto! Me duelen las manos de no tocarte. Me duelen los labios de querer besarte. Mi cuerpo ansia el peso del tuyo, para sentirlo en su plenitud. Gime sin querer. Se estremece de anhelo, soñando con las caricias que nunca me darás. Las deseo más que un condenado a muerte ansía la absolución.
Quisiera gritar una y otra vez hasta hacer que te parases en seco y me mirases. Que vieses realmente quien soy y que quiero. Que olvidases por un momento que alguna vez nos conocimos.
Nunca en mi vida, había deseado tanto como deseo ahora. Ninguna mujer me había hecho sentir así. El placer de la descubierta es ahora mayor. A veces, no puedo evitar dibujarte en mi mente, sonriéndome como quiero que lo hagas, amándome de la manera que merezco que lo hagas. Sometiéndome a tu voluntad, como desearía que quisieras hacer. Y mi cuerpo responde, esté donde esté. Desde el lecho donde tan solo puedo satisfacer mis fantasías en soledad, hasta mi lugar de trabajo, enfrente de la pantalla de un ordenador, noto como mi cuerpo se encoge y se estira, como pequeñas descargas eléctricas que me dejan expectante.
Quisiera gritar de frustración. Abrazarte la próxima vez que te vea y ronronearte, frotarme contra tu cuerpo, seguir con mi cabeza la línea de tu garganta, tus mejillas y buscar tu pecaminosa boca. Y deleitarme con tus besos. Los deseo.
Las palabras ya no son suficientes para expresar lo que mi cuerpo ansía. Tus palabras se me han quedado ancladas en mi recuerdo. Las pequeñas caricias no han hecho más que alimentar mis deseos de poseerte, de que tus manos abarquen todo mi cuerpo.
Te deseo. Tantísimo que no puedo hacer más que callar y seguir alimentando esta llama…. hasta que consuma todo el aire a su alrededor, y se apague. Es lo único que puedo hacer. Dejarla extinguirse...
My new beggining
Buenas noches, bienvenidos.
Id pasando. Podéis sentaros donde queráis. Aún no he acabado de acondicionar el espacio, ya veis que hay cajas por todas partes. Espero que no os moleste. Pero podéis sentiros como en casa.
Podéis venir cuando querais, yo estaré por aqui de tanto en tanto. Me oíreis la mayor parte de veces en mi estudio, escribiendo sin parar, parloteando diálogos en los que solo hablo yo.
Puede que de vez en cuando os deje sordos, porque me gusta poner la música muy alta, y bien seguro que os reiréis de mi, porque estaré bailando como si nadie estuviera mirando.
Ni siquiera os negaré la entrada cuando esté encerrada en mi habitación. Porque la puerta siempre dejará un pequeño haz de luz para que os guiéis.
Solo espero que podáis ser pacientes conmigo, porque lo que aquí encontraréis, no será nada más y nada menos que a mi.
Forraré las paredes de palabras, para expresarme de la única manera en que se ordenar mis pensamientos. E incluso así la mayor parte de las veces parecerán desordenados. De todos es sabido que hay que escribir de lo que se conoce, y por suerte o por desgracia, de lo que uno empieza escribiendo siempre, es de uno mismo. Bendito egocentrismo!
Pero aún así, no quiero que en este claro, la luna solo brille para mi. Así que dejaré la pared del fondo en blanco, por si alguien quiere expresar también su opinión. Sea por lo que sea. Para bien, para mal, o simplemente para estar.
Así pues, solo me queda comenzar.... no, seguir, esa sería la palabra adecuada. Solo me queda seguir con mi historia personal.
Buenas noches. Bienvenidos.
Id pasando. Podéis sentaros donde queráis. Aún no he acabado de acondicionar el espacio, ya veis que hay cajas por todas partes. Espero que no os moleste. Pero podéis sentiros como en casa.
Podéis venir cuando querais, yo estaré por aqui de tanto en tanto. Me oíreis la mayor parte de veces en mi estudio, escribiendo sin parar, parloteando diálogos en los que solo hablo yo.
Puede que de vez en cuando os deje sordos, porque me gusta poner la música muy alta, y bien seguro que os reiréis de mi, porque estaré bailando como si nadie estuviera mirando.
Ni siquiera os negaré la entrada cuando esté encerrada en mi habitación. Porque la puerta siempre dejará un pequeño haz de luz para que os guiéis.
Solo espero que podáis ser pacientes conmigo, porque lo que aquí encontraréis, no será nada más y nada menos que a mi.
Forraré las paredes de palabras, para expresarme de la única manera en que se ordenar mis pensamientos. E incluso así la mayor parte de las veces parecerán desordenados. De todos es sabido que hay que escribir de lo que se conoce, y por suerte o por desgracia, de lo que uno empieza escribiendo siempre, es de uno mismo. Bendito egocentrismo!
Pero aún así, no quiero que en este claro, la luna solo brille para mi. Así que dejaré la pared del fondo en blanco, por si alguien quiere expresar también su opinión. Sea por lo que sea. Para bien, para mal, o simplemente para estar.
Así pues, solo me queda comenzar.... no, seguir, esa sería la palabra adecuada. Solo me queda seguir con mi historia personal.
Buenas noches. Bienvenidos.
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